Pasó 40 días viviendo en su auto y aun así se las arregló para ir a trabajar diario en traje

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Este interno de 22 años pasó 40 días viviendo en su carro. Cuando Levi Joseph trabajó de interno en manufactura en Seattle, ya antes de graduarse de la universidad, le fue imposible localizar un sitio para vivir; conque debió vivir en su carro por cuarenta días, llevando traje diariamente al trabajo en lo que las cosas se acomodaban.

Este interno de 22 años pasó 40 días viviendo en su carro

No había lugares en renta y los costes eran altísimos (mil doscientos a mil cuatrocientos dólares americanos por mes). Por último halló un sitio mas no estaría vacante hasta más de un mes una vez que empezara el internado.

“Había un periodo de cuarenta días en que no tenía sitio para vivir”.

Con lo que decidió que podría vivir en su auto, una camioneta Subaru Outback. Preocupado por la seguridad de dónde iba a estacionarse, rentó un espacio en una campiña cerca de los suburbios por seiscientos dólares americanos.

El sitio que escogió tenía residentes temporales y en un largo plazo. La dueña, Stephanie, encendía una hoguera cuando había buen tiempo y todos se juntaban alrededor a charlar de todo, desde política hasta teorías de conspiración.

Puesto que debía levantarse a las 4:30 de la mañana para llegar a las seis, no siempre y en todo momento asistía a las hogueras. Mas cuando iba, era recordable.

“Estoy escribiendo una tesis en un tema de medio ambiente, y una noche estaba sentado en la hoguera y la discusión llegó hasta la política global y las líneas de los aeroplanos, esencialmente transformándose en un razonamiento a voces sobre conspiración del gobierno. Era como una pequeña comunidad. Estaban maravillados por alguien con un trabajo corporativo.”

Él sostenía las cosas de su vida corporativa en una parte diferente del carro, y podía lavar su ropa en la oficina.

“He vivido ya antes en mi carro a lo largo de 3 semanas, en un campamento y en un viaje de pesca hace 2 veranos, mas era más próximo a campar. No tenía trajes de vestir y esas cosas. Era más como ‘él tipo universitario que duerme en su carro’ y no ‘el tipo profesional que desea sostener sus cosas limpias’.”

Cada mañana, debía comprobar sus zapatos ya antes de irse a la oficina para no llegar con lodo en los pies. “Eso era muy ameno para mí”.

Para actividades y amenidades, Joseph se apuntó en un club local de escalada en tocas por cincuenta y seis dólares americanos por mes. Además de esto ahí tenía un locker con regadera y Wifi. Mas aparte de esto, halló otra cosa: una comunidad de personas que viven en sus carros.

“Resulta que bastante gente vive en sus carros y hace escalada en roca. Hay gente viviendo en sus carros en los estacionamientos. Hay vans donde vive gente, y comencé a pasar más tiempo estacionado en la urbe, más cerca de todo. Me despertaba y empleaba sus regaderas, en ocasiones nos despertábamos y hacíamos café juntos y pasabamos el rato antes que abriesen las puertas.”

La mayor parte de los residentes del lote eran hombres jóvenes en vans. “Hay diferencia entre vivir en tu carro y vivir en una van, las vans son más simple de reparar, puedes poner anaqueles, una cama, cortinas, refrigeradores o bien generadores que te hacen sentir más como en una casa”.

En el campo era simple dormirse al obscurecer, mas en el estacionamiento del gimnasio era más bastante difícil.

“Desearía haber tenido cortinas. Eso hubiese sido un enorme avance, es realmente difícil obscurecer tu carro. En el campo, entre los árboles en la noche era oscurísimo, mas las luces en el estacionamiento son muy brillantes”.

Todas y cada una de las posesiones de Joseph, su notebook, ropa de trabajo y su reloj, estaban en su auto. Mientras que vivió ahí observó 3 reglas principales:

Eludir que te hurten el carro.
Eludir que la grúa se lleve el carro.
No dejar las llaves en el carro.

Un enorme reto para quien vive en su carro es la carencia de espacio para desestresarte tras el trabajo. Puedes pasar todo el tiempo en tu carro si no tienes cuidado, afirma Joseph.

“Al principio pasaba todo el tiempo en el carro leyendo o bien escribiendo correos. Entonces comencé a ir a cafés, mas no quiería gastar tanto dinero, con lo que iba a un suburbio y comencé a visitar una biblioteca realmente agradable después del trabajo.”

En lo que se refiere a el alimento, tenía un Jetboil, un aparato que hierve el agua rapidísimo. En la mañana lo empleaba para prepararse avena o bien café, mas en la noche acababa comiendo fuera. Esos gastos, así como la lavandería significaron más gasto de lo que de entrada había planeado.

A sabiendas de que sus progenitores se preocuparían, no les afirmó hasta unas semanas después, “porque sabía que era esencial que alguien supiese dónde estaba”.

A principios de julio, Joseph se mudó al espacio que su amigo le prometió. El ahorro que creyó iba a hacer no fue tanto como aguardaba. Además de esto, contrajo una infección una semana ya antes de mudarse, si bien no lo atribuye a vivir en su carro.

“No me sentía como un indigente, mas no me sentía cómodo de la forma en que te sientes en un apartamento”, afirmó. “Eso, conjuntado con iniciar mis primeras semanas más intensas en el internado, era mucho agobio. Mas creo que me forzó a ser independiente por un mes y a estimar las comodidades básicas. Me siento ahora en el sillón de mi departamento y pienso: ‘amo mi sillón’”.

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