Hipoacusia un problema auditivo de cuidado

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Hipoacusia un problema auditivo de cuidado. En la vida cotidiana, el oído puede captar estímulos que la vista no alcanza a percibir. Los altos volúmenes de ruido, los cambios de presión y los cuerpos extraños son sólo algunos de los factores capaces de ocasionar una pérdida sensible de la audición. Imagine -sólo por un momento- que no escucha los infernales taladros de la obra que están haciendo frente a su casa. No oye tampoco las cornetas de la cola en la que está metido, ni la eterna pelea entre sus hijos por el control del televisor. ¿Un sueño hecho realidad? Tal vez lo sea por unos minutos, pero no por mucho tiempo. El asunto le parecerá menos divertido en cuanto intente seguirle el hilo a un programa de televisión, hablar por teléfono o escuchar su disco preferido.

Hipoacusia un problema auditivo de cuidado

No cabe duda que uno de los sentidos más apreciados por el ser humano es el oído, quizá sólo superado por la vista. La disminución de la capacidad de audición, denominada hipoacusia, es un trastorno capaz de afectar profundamente la relación del ser humano con su entorno y con quienes lo rodean.

Según Luz Ramírez, otorrinolaringóloga, existen tres tipos de hipoacusia: la hipoacusia conductiva, que se origina por problemas en el conducto auditivo externo y/o el oído medio; la hipoacusia neurosensorial, derivada de complicaciones o anormalidades relacionadas con la transmisión de los estímulos a través del oído interno o del nervio auditivo; y la hipoacusia mixta, que combina las dos anteriores.

Para diagnosticar cuál es el cuadro que se presenta, el primer paso es interrogar al paciente con preguntas que van desde la presencia de infecciones respiratorias, pasando por visitas recientes a la playa, hasta los hábitos de limpieza del oído, por ejemplo. Luego se procede a realizar un examen físico con la ayuda del otoscopio. Si con esta revisión aún no puede hacerse un diagnóstico preciso, se recurre a estudios audiológicos para determinar el tipo de pérdida auditiva. Uno de los más comunes es la audiometría, que se emplea para determinar el tipo y porcentaje de pérdida de la audición.

Oídos obstruidos

La especialista señala que los cuadros más comunes de hipoacusia son los de naturaleza conductiva. “Éste es uno de los problemas auditivos más frecuentes y puede producirse por varios motivos. La primera causa de casos de este tipo, aunque la gente no lo crea, se debe a la acumulación de cerumen en el conducto auditivo externo. A veces, cuando la persona se sumerge en una piscina o en la playa, la cera se expande y lo obstruye aún más”. Ramírez explica que esto suele ocurrir en personas que utilizan hisopos con frecuencia para “limpiarse” los oídos. “Con el uso del hisopo no se extrae la cera, más bien se le empuja hacia el fondo del conducto auditivo. Como consecuencia, el exceso de cera se va acumulando y bloquea parcial o totalmente el paso de las ondas sonoras hacia el tímpano. Con el tiempo, el mismo paciente reconoce que no escucha bien, aunque crea que sus oídos están bien limpios”. La solución consiste en una limpieza del conducto auditivo. “El otorrinolaringólogo dispone de varios métodos para extraer estos tapones. Puede usar una pequeña aspiradora si la cera es más o menos fluida, o recurrir a un lavado del oído con agua tibia a cierta presión. Si esta acumulación se ha solidificado, se recurre a unas pequeñas pinzas o al uso de curetas para sacarla. Evidentemente, con estos procedimientos se percibe una mejoría inmediata en la audición”.

“La segunda causa de hipoacusia conductiva es la presencia de un cuerpo extraño. Esto sucede sobre todo en los niños, que se meten semillas o cuentas de collares en los oídos. Muchos padres intentan sacárselas con pinzas de cejas -por ejemplo-, pero así pueden estar empujándolas más y causándole traumatismos al canal auditivo. Otros les mojan los oídos, y eso puede hacer que una semilla más bien se hinche. Frente a circunstancias como éstas, hay que pedir la ayuda de un otorrinolaringólogo, que al fin y al cabo es la persona que cuenta con el instrumental adecuado para extraer el objeto”, dice Ramírez. Debido a un mal procedimiento de esta índole, el conducto auditivo podría inflamarse de tal forma que impida temporalmente la extracción de ese cuerpo, además del riesgo de perforar el tímpano o incluso desalinear la posición correcta del yunque, el martillo y el estribo.

Los terceros culpables de este tipo de hipoacusia son las infecciones, que pueden presentarse tanto en el conducto auditivo externo como en el oído medio. “Con una otitis externa, el conducto auditivo presenta edemas o inflamaciones que pueden impedir que el sonido pase. Algo parecido sucede con las otitis medias, en las que algunas secreciones interfieren con el correcto funcionamiento del sistema auditivo”. Estos cuadros suelen tener una estrecha relación con otras infecciones de la zona rinofaringea. “Por otra parte, existe un cuarto motivo, que es la perforación de la membrana timpánica como tal. Cuando hay una infección allí y se trata a tiempo, la perforación puede evitarse con la ayuda de antibióticos, pero si nunca fue atendida o se trató mal, puede haber una pérdida importante de la audición”. A esto se suman las perforaciones traumáticas, que se producen por la presión. Ramírez indica que hasta un beso efusivo o una bofetada pueden llegar a romper esta delicada membrana; lo mismo puede suceder con la introducción de cuerpos extraños.

Si el sujeto presenta una hipoacusia conductiva en un solo oído y ya se han descartado todas las causas anteriores, podría haber un tumor en la zona en la que se unen las vías nasales y la faringe, que también se comunica con un conducto del oído denominado trompa de Eustaquio. Este tumor impediría el drenaje de algunos líquidos que se producen normalmente en el oído medio, y que bajan por la rinofaringe aunque el ser humano no los perciba. “Lo natural es que en la caja timpánica sólo haya aire, pero con la presencia de una formación de esa índole, este espacio puede llegar a retener los líquidos y reducir así la capacidad de audición”, apunta la experta.

Asunto de nervios

El segundo tipo de hipoacusia es el neurosensorial. En este caso, hay una deficiencia o alteración en la manera en la que se transmiten los impulsos nerviosos desde el oído interno hasta el cerebro. Una de las formas más comunes de hipoacusia neurosensorial es la llamada presbiacusia o “audición de viejos”, en la que el nervio auditivo va deteriorándose paulatinamente con el paso de los años. A diferencia de la presbicia, que afecta el sentido de la vista y es inevitable, la llegada de la presbiacusia es impredecible y puede o no aparecer. Ramírez señala que en la hipoacusia neurosensorial influyen las condiciones particulares del paciente y el factor hereditario, aunque también puede producirse por causas externas como un traumatismo severo en el cráneo, por ejemplo. Algunos daños en este tipo de afección son irreversibles, aunque otros pueden corregirse con la ayuda de dispositivos externos de audición o con una intervención quirúrgica en la que se colocan implantes cocleares.

Recomendaciones a seguir

Si se presenta una disminución de la capacidad auditiva y ésta deriva de una perforación de tímpano, no hay que precipitarse a usar medicinas. “Mucha gente corre a la farmacia porque le duele el oído y quiere que le recomienden unas gotas para ponérselas, cuando a veces eso puede empeorar una lesión en el oído. De ahí la importancia de no aplicarse cosas sin saber con exactitud qué es lo que se tiene, y eso sólo puede hacerlo un otorrinolaringólogo”. En materia preventiva, también debe evitarse la exposición a ruidos intensos, que de una sola vez o con el tiempo pueden producir un trauma acústico severo y causar daños tanto a escala conductiva como neurosensorial. En este sentido, Ramírez recomienda no escuchar música a volumen excesivo, y protegerse los oídos si el trabajo a realizar implica la exposición a altos volúmenes de ruido.

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