Existe una razón por la cual no te casas con el amor de tu vida

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Por qué nos casamos con la persona incorrecta. Es entre las cosas que más tememos en la vida, hasta el punto en el que hacemos todo lo que es posible por evitarlo y al final sucede: nos casamos con la persona equivocada. Puede ser, en parte, por el hecho de que tenemos una enorme diversidad de inconvenientes que salen a flote cuando tratamos de aproximarnos a el resto.

En apariencia, somos con perfección normales, mas solo para quienes no nos conocen realmente bien. Quizás en una sociedad un tanto más prudente y pero consciente que la nuestra, una pregunta normal en entre las primeras salidas sería: “¿qué tan orate estás?”

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Quizás tenemos una tendencia latente a encolerizarnos cuando alguien no está conforme con nosotros o bien seguramente nos complicamos sobre la amedrentad tras el sexo y nos volvemos herméticos en contestación al silencio.

Absolutamente nadie es perfecto, y el inconveniente es que raras veces ahondamos en nuestras complejidades ya antes del matrimonio. En el momento en que una relación casual empieza a descubrir nuestros defectos, lo más simple es inculpar a nuestras parejas y pasar a otro tema.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Por otro lado, nuestras parejas no son los más siendo conscientes de sí mismos y naturalmente hacemos un enorme esmero en entenderlos: vemos sus fotografías, visitamos a su familia, conocemos a sus amigos de la universidad y todo eso contribuye a la idea de que hemos hecho la labor, mas no es de esta manera.

El matrimonio acaba por ser un juego esperanzador y desprendido en el que participan 2 personas que todavía no saben quienes son o bien quién es el otro, y se comprometen a un futuro que no pueden concebir y que han eludido esmeradamente investigar.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Durante la historia, las personas se han casado por todo género de razones “lógicas”: por el hecho de que su parcela estaba a un lado de la tuya, su familia tenía un negocio floreciente, su padre era el juez del pueblo o bien pues tenían un castillo. Y desde esos matrimonios razonables fluía la soledad, el abuso, la infidelidad, los corazones embrutecidos y los chillidos que atraviesan las paredes.

El matrimonio por la razón no fue razonable en absoluto; con frecuencia se trataba de un pacto recomendable, estrecho y explotador. Es por esta razón que su remplazo, el matrimonio por sentimiento, ha tenido por un buen tiempo la necesidad de entregar cuenta de sí.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Lo que importa en el matrimonio basado en los sentimientos es que 2 personas se atraen mutuamente por un instinto apabullante, y saben en el fondo que es adecuado. En verdad, entre más irresponsable semeja un matrimonio (así sea por el hecho de que se casaron a los 4 meses de conocerse, entre los 2 no tiene trabajo o bien los dos son muy jóvenes), se siente más seguro.

En estos casos, la imprudencia es un contrapeso a todos y cada uno de los fallos de la razón. El prestigio del instinto es la reacción contra muchos siglos de razón poco razonable. Mas si bien creemos estar buscando la dicha en el matrimonio, no es tan simple. Lo que verdaderamente procuramos es familiaridad, lo que puede complicar cualquier plan que hayamos concebido para la tan buscada dicha.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Procuramos recrear en nuestras relaciones adultas, los sentimientos tan muy conocidos que teníamos cuando éramos pequeños. El amor que la mayor parte conocemos desde el comienzo de manera frecuente era confundido con otro con activas más destructoras como ser privado de la calidez de un padre o bien no sentirse suficientemente seguro de comunicar sus deseos.

Es lógico entonces que como adultos nos hallemos rechazando algunos aspirantes al matrimonio no pues tengan algo malo sino más bien pues realmente son buenísimos (equilibrados, maduros, comprensivos y fiables), y esas virtudes se sienten lejanísimas y extrañas a nuestro. Nos casamos con las personas equivocadas por el hecho de que no asociamos el ser amados con sentirnos felices.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Asimismo cometemos fallos por el hecho de que estamos solísimos. Absolutamente nadie puede encontrarse en un estado de salud mental inmejorable para escoger una pareja cuando el quedarse solo es inaguantable. Debemos estar absolutamente en paz con la perspectiva de muchos años de soledad para ser suficientemente exigentes, en caso contrario corremos el peligro de estimar ya no estar solos más que lo que deseamos a la pareja que nos ahorró ese destino.

Al final nos casamos a fin de que ese bonito sentimiento sea permanente. Imaginamos que el matrimonio nos asistirá a embotellar la alegría que sentimos en el preciso instante que se nos ocurrió unirnos con otra persona. Nos casamos para hacer que esas sensaciones continúen mas fallamos en ver que no había una sólida conexión entre esos sentimientos y la corporación del matrimonio.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

De hecho, el matrimonio tiende de una forma definitiva, a movernos a otro plano que quizás se desarrolle en una casa en los suburbios, con largos recorridos que incluyen pequeños enloquecidos. El único ingrediente común es la pareja, y ese pudo haber sido el ingrediente equivocado en la botella. Las buenas noticias es que no importa si nos percatamos de que nos casamos con la persona equivocada.

No debemos abandonarle, solo la romántica idea sobre la que el comprensión occidental del matrimonio se ha basado los últimos doscientos cincuenta años: que hay un ser perfecto que puede satisfacer tus necesidades y anhelos.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

Debemos mudar esa visión romántica por una conciencia trágica (y hasta un punto cómica) de que cada persona nos frustrará, va a hacer enfurecer, incordiará y defraudó, y (sin malicia) vamos a hacer lo mismo. Es posible que no haya fin a esa sensación de vacío, mas nada de esto es infrecuente o bien una causal de divorcio.

Esta filosofía del fatalismo ofrece una solución a mucha de la sofocación y agitación alrededor del matrimonio. Puede sonar extraño, mas el fatalismo calma la excesiva presión imaginaria que nuestra romántica cultura pone sobre el matrimonio. El descalabro de una pareja particularmente que nos salve de nuestro dolor y melancolía no es un razonamiento contra esa persona ni señal de que la unión merezca fallar o bien deba entregar el paso siguiente.

Por qué nos casamos con la persona incorrecta

La persona más conveniente para nosotros no es la que comparte todos de nuestros gustos (pues no existe), sino más bien la persona que pueda negociar de una manera inteligente las diferencias; la persona con quien estar en disconformodidad es bueno. En vez de la idea del complemento ideal, es la capacidad de permitir las diferencias con esplendidez lo que marca la diferencia. La compatibilidad es un logro del amor, y no ha de ser una condición anterior.

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