Todo lo que debes conocer sobre el déficit de atención

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Todo lo que debes conocer sobre el déficit de atención. En el mundo entre 3% y 5% de la población infantil padece déficit de atención. Pero los niños no son los únicos que se ven aquejados por esta enfermedad: los adolescentes y adultos también están en riesgo.

Todo lo que debes conocer sobre el déficit de atención

Quien vive en un caleidoscopio de rápido movimiento en el cual sonidos, símbolos y pensamientos están en perpetua movilidad; quien se aburre fácilmente, sin poder concentrarse en las tareas que necesita cumplir; quien permanece constantemente distraído por imágenes y ruidos sin importancia mientras su mente lo lleva de un pensamiento a otro, de una actividad a la siguiente; quien pasa sus días envuelto en un collage de pensamientos e imágenes y a veces no se da cuenta de que alguien le está hablando; quizá esté padeciendo el Trastorno hiperactivo de déficit de atención (Attention deficit hyperactivity disorder) o ADHD.

Definiendo y distinguiendo a la enfermedad

El ADHD es un trastorno neurobiológico que afecta la capacidad de atención del individuo. Las personas que lo padecen, por lo general, presentan dificultad para concentrarse y, a veces, controlar su conducta. “Es una enfermedad crónica, es decir, no se cura. Pero puede suceder que los síntomas vayan cambiando a medida que el niño va creciendo”, asegura la psicopedagoga María José Alfonzo. El déficit de atención tiene una gran base hereditaria y puede presentarse con hiperactividad y sin ella. Aún no se conocen con exactitud sus causas, pero se sabe que las madres que han consumido drogas, alcohol o cigarrillos en exceso son propensas a tener un hijo con la enfermedad. Al igual que aquellos niños nacidos de partos distócicos o problemáticos.

Una vez corroborados los síntomas de la enfermedad, es importante que el médico esté en contacto con los padres, maestros o personas cercanas al paciente, ya que existen miles de factores temporales que pueden estar incidiendo en su conducta y que no necesariamente tienen que ser indicios del ADHD. Existen algunos índices que demuestran la certeza de padecer la enfermedad. Los síntomas deben haber aparecido por primera vez antes de los siete u ocho años de edad, deben haberse mantenido constantes durante más de seis meses y haber aparecido en distintos ambientes. “Se parte de tres ambientes: el social, el académico y el familiar, por lo menos en dos de ellos se debe ser distraído o hiperactivo” agrega Alfonzo.

¿Cómo se diagnostica el ADHD?

Para diagnosticar y tratar a personas con ese trastorno, es importante un trabajo en conjunto entre el médico, los psicólogos o psicoterapeutas, los maestros y los padres. El pediatra se encargará de hacer el diagnóstico, el psiquiatra o el neurólogo se ocuparán de la medicación y los psicólogos y psicopedagogos de la parte terapéutica. “La medicación es importante, pero es recomendable que se acompañe con terapias. Utilizar medicamentos exclusivamente es, en cierta forma, una irresponsabilidad”, afirma Alfonzo. Las características más resaltantes de la enfermedad son la distracción, la impulsividad y la hiperactividad. Las personas que sufren de este trastorno son predominantemente distraídas debido a que sufren de hiperactividad atentiva, es decir, prestan atención a muchas cosas a la vez.

La distracción no se da en todo momento, cuando la persona está motivada sí es capaz de concentrarse en una sola actividad. En cuanto a la impulsividad, impone a los sujetos un sistema de vida altamente riesgoso y los hace propensos a accidentes, ya que no piensan en las consecuencias de sus actos o palabras. Respecto a la hiperactividad, los enfermos de Adhd no pueden estar tranquilos un solo momento, generalmente están balanceándose en el asiento y moviendo las manos y los pies constantemente.

Por lo general se piensa que los niños con déficit de atención sólo pueden encontrarse en familias poco estructuradas, donde la ausencia de alguno de los padres tiene un peso grande. Esto es incorrecto. “El déficit de atención se da en todo tipo de niños” aclara la psicopedagoga.

El déficit se produce en el lóbulo frontal y en los lóbulos temporales. Allí ocurre una disminución de los neurotransmisores, que son los que se encargan de que las neuronas hagan contacto. Esta carencia logra que la persona consuma menos glucosa a la hora de prestar atención, por lo tanto, la capacidad de concentración es menor.

Medicamentos para tratarla

La correcta medicación se basa en un único fármaco: el ritalín o ritalina. A veces también suelen ser medicados la dixodrina y los antidepresivos. El ritalín tiene su lado negativo, pero nada que no se pueda solucionar. Suele producir insomnio y dolor de estómago, además de que disminuye considerablemente el apetito, por lo tanto, si el paciente está en un período de formación (infancia o adolescencia) puede disminuir la talla y peso. “Pero esas contraindicaciones no son tan graves. La disminución del apetito se puede contrarrestar con alguna medicina y el problema del insomnio se puede alejar si se evita suministrar el fármaco justo antes de las horas de sueño”, asegura Alfonzo.

El ritalín permite que por un período de entre dos y tres horas, dependiendo de la dosis, el niño mantenga la atención por más tiempo. Lo que trae mejores resultados de aprendizaje, favoreciendo así el rendimiento escolar o laboral y la autoestima. Esta última es muy importante, ya que las personas que sufren esta enfermedad suelen tener la autoestima baja, especialmente los niños, quienes generalmente son presionados por sus padres, lo que trae una fuerte tendencia a la depresión.

Hay que agregar que no todas las personas pueden ser medicadas con el ritalín. En algunos casos puede producir convulsiones. El ritalín o ritalina no crea adicción. Sus efectos dependerán de la dosis. Con niños pequeños se usan dosis bajas a intervalos de tiempo más o menos cortos. Se les da una pastilla antes de salir al colegio, otra a media mañana y una antes de hacer las tareas. Son dosis que deben suministrarse con sumo cuidado, y siempre bajo la supervisión del médico.

¿Qué deben hacer los padres?

Hay que ayudar al niño o adolescente para que aprenda a controlar su comportamiento en casa, lo que repercutirá en unas mejores relaciones sociales y elevará su autoestima. Para esto es bueno seguir un programa -indicado por el psicológo- de control del comportamiento del niño; proporcionarle ayuda especializada, llevándolo a sesiones de aprendizaje de habilidades atencionales y sociales; supervisar el trato que recibe de sus profesores y exigirles a estos un trato acorde a sus circunstancias; además de ser rígidos en lo que a horarios y manejo del tiempo se refiere, ya que son niños que necesitan estructurar su espacio. A pesar de todos los aspectos negativos que pueda ocasionar esta enfermedad “estos niños son una bendición del cielo, ya que tienen grandes ventajas que, si son bien canalizadas, pueden llegar a formar profesionales excepcionales”, cierra Alfonzo.

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